lunes, 24 de octubre de 2016

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cielo

Las esferas del cielo
Las nueve esferas del Cielo son Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, las Estrellas fijas, y el Primer móvil. Esos astros están organizados según la jerarquía de los ángeles. Dante también evoca otras asociaciones, como la existente entre Venus y el amor romántico. Las primeras tres esferas están asociadas a formas deficientes de Coraje, Justicia, y Templanza. Las otras cuatro se vinculan a ejemplos positivos de Prudencia, Coraje, Justicia, y Templanza; por su parte, la Fe, la Esperanza y la Caridad se concentran en la octava esfera.

Primera esfera (la Luna, los inconstantes)
 

En el Canto II Beatriz explica a Dante las diferencias de luminosidad de la Luna.
En su visita a la Luna, Beatriz explica a Dante el porqué de las marcas en su superficie, describiendo un sencillo experimento de óptica. También expresa su estima por el método experimental en general (Canto II).
 

Dante y Beatriz hablan con Piccarda Donati y Constanza, (Canto III).
Las fases de la Luna se asocian con la inconstancia. Su esfera es por ende la de las almas que abandonaron los votos monásticos, y por ende presentaron deficiencias en su virtud de coraje (Canto II). En esta los protagonistas conocen a Piccarda Donati, la hermana de Forese Donati, amigo de Dante, quien murió poco después de ser obligada a abandonar el monasterio. También conocen a Constanza I de Sicilia, quien fue arrancada por la fuerza de un monasterio para que contraer nupcias con Enrique VI (canto III). Beatriz habla sobre la libertad de la voluntad, el carácter sacro de los votos, y la importancia de resistir a las presiones (Canto IV).
Beatriz explica que un voto es un pacto firmado entre el hombre y Dios en el cual una persona ofrece su libertad a Dios. Estas decisiones no deben tomarse a la ligera, y deben mantenerse una vez realizados, a menos que mantenerlo acarree un mal demasiado grande, como el sacrificio de la hijas de Jefté y de Agamenón (Canto V). 
Segunda esfera (Mercurio, los ambiciosos)
Debido a su proximidad al sol, el planeta Mercurio suele ser difícil de ver. Desde un punto de vista alegórico, el planeta representa a quienes hicieron el bien por el deseo de adquirir fama, pero quienes debido a su ambición fallaron en la virtud de la justicia. Su gloria terrenal palidece en junto a la de Dios, del mismo modo que el planeta Mercurio es casi insignificante junto al Sol.
 

El emperador Justiniano se encuentra en la esfera de Mercurio, (canto V).
Dante conoce en esta esfera el emperador Justiniano, quien se presenta con las siguientes palabras: "Cesar fui y soy Justiniano," indicando que su personalidad permanece, pero que su cargo terrenal ya no tiene validez (Canto V). Justiniano cuenta la historia del Imperio romano, mencionando entre otros a Julio César y Cleopatra; y lamenta la situación actual de Italia, debido al conflicto entre güelfos y gibelinos que así describe en el (Canto VI).
Por asociación, Beatriz habla sobre la Encarnación y la Crucifixión de Jesús, que sucedió en tiempos del Imperio romano (canto VII).
Tercera esfera (Venus, los amantes)
Al planeta Venus tradicionalmente se lo asocia con la diosa del amor, por lo que el autor lo convierte en la esfera de los amantes, quienes fallaron en la virtud de la templanza (Canto VIII).

Dante encuentra a Carlos Martel de Anjou-Sicilia, a quien ya conocía, y quien expresa que para funcionar correctamente cualquier sociedad necesita gente de diferentes tipos. Esas diferencias se ilustran con Cunizza da Romano, quien se encuentra en el Cielo, mientras que su hermano Ezzelino III da Romano en el Infierno, entre los violentos del séptimo círculo. 
El trobador Fulco de Marsella habla de la tentación del amor, y recuerda  que el cono de la sombra de la Tierra toca la esfera de Venus. Condena la ciudad de Florencia  por producir la "flor maldita" responsable de la corrupción eclesiástica, y critica la clerecía por dedicarse al dinero, en vez de consagrarse a las Escrituras y en los textos de los Padres de la Iglesia (Canto IX).
 

Fulco de Marsella lamenta la corrupción de la Iglesia, con la clerecía recibiendo dinero de Satán, (Canto IX).
Cuarta esfera (el Sol, los sabios)
Más allá de la sombra de la Tierra, Dante encuentra ejemplos positivos de Prudencia, Justicia, Templanza, y Coraje. En el Sol, que es la fuente de luz de la Tierra, Dante encuentra los máximos ejemplos de prudencia: las almas de los sabios, quienes ayudaron a iluminar el mundo intelectualmente (Canto X).
Al principio un círculo de doce luces brillantes baila alrededor de Dante y Beatriz. Se trata de las almas de Tomás de Aquino, Alberto Magno, Graciano, Pedro Lombardo, el rey Salomón, Dionisio Areopagita, confundido con Pseudo Dionisio, Paulo Orosio, Boecio, Isidoro de Sevilla, Bede, Ricardo de San Víctor y Siger de Brabant. Tomás de Aquino cuenta la vida de San Francisco de Asís en el Canto XI.
En una segunda etapa doce nuevas luces aparecen, una de las cuales es San Buenaventura, un franciscano, que cuenta la vida de santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden a la que Santo Tomás pertenece. Como las dos órdenes no siempre fueron amigas en el mundo terreno, tener miembros de una homenajeando al fundador de la otra muestra que el amor reina en el cielo (Canto XII). Las veinticuatro luces giran en torno a Dante y Beatriz, cantando la Trinidad. Santo Tomás explica la sorprendente presencia de Salomón, quien se encuentra en el lugar por sabiduría real, más que filosófica o matemática (Cantos XIII y XIV).
 
Quinta esfera (Marte: los guerreros de la Fe)
Al planeta Marte tradicionalmente se le asocia con el dios de la guerra, por lo que Dante hace de esta esfera la de los guerreros de la fe, quienes dieron su vida por Dios, mostrando por ende la virtud del coraje. Las millones de centellas de luz que son sus almas forman una cruz griega en el planeta Marte, y el autor la compara con la Vía Láctea (Canto XIV).
 
Aunque Dante dice que los sabios están "perplejos" por la naturaleza de la Vía Láctea, en su Convivio ya había descrito su naturaleza con bastante precisión en los siguientes términos:
"Lo que Aristóteles dijera no se puede saber con certeza, porque su sentencia no es la misma en una traducción que en otra. (...) En la Vieja dice que la Galaxia no es sino una multitud de estrellas fijas, tan pequeñas que no podemos distinguirlas desde aquí abajo, pero que de ellas aparece aquel albor, que llamamos Galaxia: y puede ser, que el cielo en aquella parte sea más denso, ya que retiene y refleja aquella luz. Y esta opinión parecen tener, con Aristóteles, Avicena y Tolomeo." 
Dante conoce a su ancestro Cacciaguida, quien participó en la Segunda Cruzada, y habla en términos elogiosos de la República de Florencia del siglo XII, pero lamenta la decadencia de la ciudad de los tiempos del autor (Cantos XV y XVI). Como el tiempo de la narración de la obra sucede antes del de la escritura, en 1300, y por ende antes del exilio del autor, algunos personajes del poema pueden "predecir" un porvenir ominoso. De hecho, Cacciaguida responde a una pregunta de Dante sin el menor ambage, revelándole que vivirá en el exilio (Canto XVII).
 

Cacciaguida predice sin ambages que Dante sufrirá un amargo exilio de Florencia.
Sin embargo, Cacciaguida también encarga a Dante escribir y contar todo lo que ha visto en los tres reinos de ultratumba. Dante por último encuentra varios otros guerreros de la fe, como Josué, Judas Macabeo, Carlomagno, Roldán y Godofredo de Bouillón (Canto XVIII).
Sexta esfera (Júpiter, los buenos gobernantes)
 

Las almas que forman la "M" en "TERRAM" se transforman en el Canto XVIII en un águila imperial.
El planeta Júpiter se suele asociar con el rey de los dioses, por lo que Dante lo escoge como la esfera en que figurarán los reyes que se caracterizaron por su justicia. Las almas deletrean la versión latina de "Justicia del amor, que juzgas", tras la cual la "M" final de la frase toma la forma de un águila imperial gigante. (Canto XVIII).
En esta esfera se encuentran David, Ezequías, Trajano, Constantino I, Guillermo II de Sicilia, y Rifeo el troyano, quien fue un pagano salvado por la merced de Dios. Las almas que forman el águila imperial hablan con una sola voz, y hablan de la justicia de Dios. (Cantos XIX and XX).
Séptima esfera (Saturno, los contemplativos)
La esfera de Saturno es la de los contemplativos, que incluye la templanza. Dante encuentra a Pedro Damián, y discute con él sobre el monacato, la doctrina de la predestinación, y la triste situación de la Iglesia (Cantos XXI and XXII). Beatriz, quien representa la teología, se hace cada vez más adorable y llena de gracia, lo cual es una señal que indica la cercanía de la percepción del observador a la de Dios.
 
Dante y Beatriz encuentran a Pedro Damián, quien les cuenta su vida, y les habla sobre la predestinación, (Canto XXI).
Octava esfera (las estrellas fijas, fe, esperanza y amor)
 

Dante y Beatriz en la esfera de las Estrellas fijas.
La esfera de las Estrellas fijas es la de la Iglesia militante. En este punto, Dante vuelve la vista atrás para contemplar tanto las siete esferas por las que ha pasado como la Tierra (Canto XXII):
Dante ve asimismo a la Virgen María y otros santos (Canto XXIII). San Pedro examina a Dante sobre la fe, preguntándole qué es, y si alberga o no ese sentimiento. Tras la respuesta, San Pedro le pregunta al protagonista cómo sabe que la Biblia es verdadera, y Dante cita el milagro de que la iglesia haya crecido tan pronto y tan robusta a partir de orígenes tan humildes (Canto XXIV).
 

Santiago, examinando a Dante sobre la esperanza, (Canto XXV).
Santiago examina a Dante sobre esperanza, y Beatriz da fe de que el autor alberga ese sentimiento (Canto XXV).
Por último, San Juan examina a Dante sobre el amor. En su respuesta, el protagonista se refiere al concepto de "amor torcido" discutido en el Purgatorio (Canto XXVI).
Por último San Pedro acusa a Bonifacio VIII en términos de gran severidad, y agrega que a sus ojos la Santa Sede está vacía (Canto XXVII).
Novena esfera (el Primer Móvil, los ángeles)
 

Dante y Beatriz ven a Dios como un punto de luz rodeado de ángeles, (Canto XXVIII).
El Primer Móvil es la mayor esfera del universo físico. Dios la mueve directamente, haciendo que por reacción a su vez se muevan todas las otras esferas que alberga (Canto XXVII).
El Primer Móvil es la morada de los ángeles, y allí ve Dante a Dios como un intenso punto de luz rodeado de nueve anillos de ángeles (Canto XXVIII). Beatriz explica la creación del universo, y el papel de los ángeles, terminando con una severa crítica a los predicadores de entonces (Canto XXIX).
 
El Empíreo
Desde el Primer Móvil, Dante asciende a una región que está más allá de la existencia física, el Empíreo, que es la morada de Dios. Beatriz, que representa la teología, se hace en este lugar más bella que nunca, y Dante se ve envuelto por la luz, de modo que es capaz de ver a Dios (Canto XXX).
Dante ve una rosa enorme, que simboliza el amor divino, cuyos pétalos son las almas entronizadas de los fieles. Todas las almas que ha conocido en el Paraíso, incluyendo a Beatriz, tienen su morada en esta rosa. A su alrededor hay ángeles volando como abejas, distribuyendo paz y amor. Cuando Beatriz pasa a ocupar su lugar en la rosa, Dante ya se encuentra más allá de la teología y a su vez puede contemplar directamente a Dios, y San Bernardo, en cuanto místico contemplativo, será su guía en esta última etapa (Canto XXXI).
 

Los tres círculos de la Trinidad, (Canto XXX).
San Bernardo continúa explicando la predestinación, y reza a María a favor de Dante. Por último, el protagonista entra en contacto directo con Dios (Cantos XXXII y XXXIII), quien aparece como tres círculos idénticos que ocupan el mismo espacio, los cuales representan al Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
Dentro de esos círculos el protagonista discierne la forma humana de Cristo. La Divina Comedia termina con el poeta tratando de entender cómo los círculos logran encajar, y cómo la humanidad de Cristo se refiere a la divinidad del Sol no obstante, como Dante lo señala, para continuar "no bastaban las propias alas". Tras un rayo de comprensión, que el poeta no puede explicar, Dante entiende, y su alma entra en total armonía con el amor divino: 
"A la alta fantasía aquí faltaron fuerzas;
mas ya movía mi deseo y mi velle,
como rueda a su vez movida,
el amor que mueve el Sol y las demás estrellas".

el purgatorio


Las siete gradas del Purgatorio
Desde la puerta del Purgatorio, Virgilio guía a Dante a través del peregrino sus siete terrazas. Estos corresponden a los siete pecados capitales o "siete raíces del pecado." La clasificación del pecado aquí es más psicológica que la del Infierno, que se basa en motivos, en lugar de acciones. También es elaborado principalmente a partir de La teología cristiana, y no de las fuentes clásicas. El núcleo de la clasificación se basa en el amor, con las primeras tres terrazas del purgatorio en relación con el amor pervertido dirigido a los daños reales de los demás. La terraza de la cuarta se refiere al amor deficiente, mientras que las últimas tres terrazas se relacionan con el amor excesivo o desordenado de las cosas buenas.

Cada terraza purga un pecado en particular de manera adecuada, aquellos en el purgatorio pueden dejar voluntariamente su círculo, pero sólo lo hará cuando se haya corregido el defecto dentro de sí mismos que llevaron a cometer el pecado. La estructura de la descripción poética de estas terrazas es más sistemática que la del Infierno, y se asocia con cada terraza son una oración apropiada, una bienaventuranza, y los ejemplos históricos y mitológicos del pecado mortal pertinentes y de su virtud opuesta.
 
Estuctura del Purgatorio de Dante


Primer Grada (La Soberbia)
Las tres primeras terrazas del Purgatorio están relacionadas con pecados causados por un mal amor que de alguna forma llega a herir a la persona amada. El primero de estos es el Orgullo. En la terraza hay almas orgullosas purgando sus culpas, Dante y Virgilio ven hermosas esculturas expresando humildad, la virtud opuesta. El primer ejemplo es la Anunciación de la Virgen María, donde ella responde al ángel Gabriel con las palabras "He aquí la esclava del Señor,". Un ejemplo de humildad de la historia clásica es cuando el emperador Trajano, de acuerdo con una leyenda medieval, en una ocasión paró su jornada para hacer justicia a una pobre viuda (Canto X).



Luego de haber sido introducidos en la humildad, Dante y Virgilio conocen las almas de los orgullosos, quienes han sido doblados por el peso de enormes piedras en sus espaldas. Mientras ellos caminan por la terraza, pueden llegar a ver y analizar los ejemplos de humildad en las esculturas. La primera de estas almas es Omberto Aldobrandeschi, cuyo orgullo está junto a él en su descenso, aunque está aprendiendo a ser más humilde. Oderisi de Gubbio es un ejemplo de orgullo a causa de logros – él era un reconocido artista por sus manuscritos iluminados. Provenzano Salvani, líder de los gibelinos, es un ejemplo del orgullo a causa del poder sobre otros (Canto XI).

En el Canto XIII, Dante señala, con "franca auntoconciencia" que el orgullo es un defecto en él.
Luego de la conversación con el orgulloso, Dante ve algunas esculturas mucho más alejadas, estas ilustraban el orgullo mismo. Estas mostraban a Satanás (Lucifer), la Torre de Babel, el rey Saúl, a Aracne, el rey Roboam, y otros. Luego los poetas ascienden a la siguiente terraza, Un ángel cepilla con sus alas la frente de Dante, borrando la letra "P" correspondiente al pecado del orgullo, y Dante oye la beatitud "Benditos son los pobres en espíritu" (Canto XII).

El ejemplo de generosidad clásica de Dante es la amistad entre Orestes y Pílades. De acuerdo con Cicerón De Amicitia, Pilades pretendió ser Orestes para evitarle a este la ejecución que a este le esperaba, (Canto XIII).
Segunda Grada (La Envidia)
La envidia era el pecado que "mira con deseo y repudio la fortuna y riquezas de otros, tomando cualquier oportunidad para quitarles o privarles de su felicidad.
Al entrar a la terraza de los envidiosos, Dante y Virgilio en un primer momento oyen voces contando historias acerca de la generosidad, la virtud opuesta. Aquí, tal como en las otras terrazas, hay un episodio de la vida de la Virgen María. Además, hay una historia clásica, la amistad de Orestes y Pílades, y Jesús predicando "Ama a tus enemigos." Las almas de los envidiosos vestían túnicas grises de penitencia, y tenían sus ojos cosidos, recordando la forma en cómo los cetreros cosían los ojos de sus halcones para lograr entrenarlos – así se les hacía más necesario poder oír que poder ver, como en este ejemplo (Canto XIII).

Caín celoso de su hermano Abel, ejemplo de Dante sobre la envidia, pintado por James Tissot, (Canto XIV).


Las almas de los envidiosos incluyen a Guido del Duca, quien les habla amargamente sobre los principios éticos de las personas que vivían a lo largo del río Arno.

Las voces en el aire también incluyen ejemplos de envidia. Uno clásico es el de Aglauros, quien fue convertido en piedra porque estaba celosa del amor de Hermes por su hermana, Herse. Un ejemplo bíblico es Caín, mencionado aquí no por su acto de fratricidio, sino por los celos que lo llevaron a él (Canto XIV).
A medida que va saliendo de la terraza, la deslumbrante luz emitida por el ángel de la terraza hace que Dante revele un poco de su conocimiento científico, pues observa que el ángulo de incidencia de la luz es igual al ángulo de reflexión "tal como la teoría y los experimentos habían demostrado" (Canto XV).

Tercera Grada (La Ira)
En la terraza de los iracundos, ejemplos de mansedumbre, la virtud opuesta, son mostrados a Dante como visiones en su mente. Como ejemplo clásico tenemos a la esposa de Pisístrato pidiendo por la ejecución de un hombre que había abrazado a su hija, a esto Pisístrato habría respondido: "¿Que debiéramos hacer a alguien que nos hiere / si alguien que nos ama aprende de nuestra condena?" San Esteban brinda un ejemplo bíblico, señalado en Hechos de los Apóstoles (Canto XV).
Las almas de los llenos de ira caminaban en humarolas de acre, esto simboliza el cegador efecto del enojo. 

El apedreamiento de San Esteban brinda claro ejemplo de la ira, tanto como de mansedumbre por parte del santo, siendo esta la virtud opuesta. Pintado por Rembrandt, (Canto XV).
Marco Lombardo discute con Dante acerca del Libre albedrío – un tema relevante, ya que no hay razones para discutir con alguien que no tiene control sobre sus acciones (Canto XVI). Dante también tiene visiones con ejemplos de ira, tales como Haman y Lavinia. La oración de esta terraza es el Agnus Dei: "Cordero de Dios, tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros... danos la paz." (Canto XVII).
En este punto Virgilio explica a Dante la organización del purgatorio y su relación con el amor pervertido, deficiente o mal dirigido. Las terrazas que habían recorrido hasta el momento habían borrado la soberbia, la envidia, y la ira. Todos ellos, amores mal direccionados. (Cantos XVII y XVIII).

Cuarta Grada (La Pereza)
En la cuarta terraza se podrían encontrar las almas de aquellos que pecaron por descuido lo que sería la Pereza. Desde el momento en vida en que se falla al buscar el amor, aquí son condenados a incesantes trabajos. Los ejemplos de entusiasmo o energía, las virtudes opuestas, son clamados por las almas que recorren la terraza. Estos ejemplos incluyen episodios de la vida de la Virgen María, Julio Cesar y Eneas. Esta actividad, además, remplaza las oraciones verbales de esta terraza. Estos perezosos están demasiado ocupados siquiera para conversar durante sus trabajos, por ello esta es una de las secciones más cortas del poema.

Alegóricamente, la pereza espiritual y la falta de cuidado llevan a la tristeza, la buenaventuranza de esta terraza es Benditos sean los que sufren, pues serán reconfortados (Canto XVIII y XIX).
Al caer la segunda noche, con los poetas aún en la terraza, Dante sueña con una Sirena (Canto XIX).

Quinta Grada (La Avaricia)
En las tres últimas terrazas se encuentran los que pecaron por amar buenas cosas, pero amándolas excesivamente o desordenadamente. En la quinta terraza, la excesiva preocupación por los bienes terrenales, ya sea codiciosamente o extravagantemente, es castigada y purificada, y los avaros y los adinerados yacen boca abajo al suelo, sin posibilidad de moverse. Sus oraciones son, "Mi alma esta adeherida al polvo, vivifícame con Tu Palabra,”, una oración que expresa el deseo de seguir las Leyes de Dios (Canto XIX).

Los espíritus de la quinta terraza yacen boca abajo, (Canto XIX).
En esta terraza, Hugo el Grande se lamenta, en contraste, cómo la avaricia había motivado las acciones de sus sucesores, y "profetiza" eventos que sucederían luego de la época en la que se ubica al poema, pero antes de la época en que es escrito el poema:

"Al otro, que hasta salió preso en una nave,
veo vender a su hija pactando precio,
como los corsarios hacen de otras esclavas.

¡Oh avaricia! ¿Qué más puedes hacer,
que así te has apropiado de mi sangre
que ni te cuidas de tu propia carne?

Para que menos se vea el mal futuro y pasado,
veo en Anagni entrar la flor de lis,
y en su vicario quedar Cristo encarcelado.

Véolo ser de nuevo burlado;
veo renovar el vinagre y la hiel,
y entre vivos ladrones ser occiso.

Veo al nuevo Pilato, una vez tan cruel,
que ni eso lo sacia, pues sin decreto
hasta el Temple lleva las codiciosas velas."

Entre estos eventos se incluyen cómo Carlos II de Nápoles dio a su hija en matrimonio a un anciano de mala fama, y cómo Felipe IV de Francia arrestó al Papa Bonifacio VIII en 1303. Dante también comenta acerca de la destrucción de la Orden de los Templarios por deseos de Felipe en 1307, lo que liberó a Felipe de las deudas que tenía con la orden (Canto XX).

En una escena, que Dante relaciona con el episodio en el que Jesús se aparece a dos discípulos en el camino hacia Emaús, Dante y Virgilio son alcanzados por el poeta Estacio, a quien Dante presenta como un convertido al Cristianismo. Acababa de finalizar su purificación en aquel círculo, y, como cristiano, su guía sería apta para complementar la de Virgilio. (Canto XXI).

Sexta Grada (La Gula)
La sexta terraza purifica a los glotones, y en general, a todos aquellos que a pesar de estar satisfechos insistían al comer, beber, saciar su cuerpo. En una evocadora escena del castigo de Tántalo, los glotones mueren de hambre ante árboles llenos de frutos que nunca estarán a su alcance. En este círculo los ejemplos son dados por voces que se escuchan entre los árboles. Juan el Bautista, quien vivía de langostas y miel, es un ejemplo de las virtudes opuestas, templanza o moderación; mientras que un ejemplo clásico de gula es cuando los Centauros ebrios se enfrentan a los Lápitas.

El rezo para esta terraza es los labios me dominan Estos son las palabras de apertura de la Liturgia diaria de la horas. (Canto XXII a XXIV). Aquí Dante también encuentra a su amigo Forese Donati y su precursor poético Bonagiunta Orbicciani. Bonagiunta tiene palabras amables para el poema más temprano de Dante, La Vita Nuova, describiéndolo como el nuevo estilo dulce, y cotizando la línea " las Damas que tienen la inteligencia de amor, " 51 escrito en la alabanza de Beatriz, a quién él encontrará más tarde en el Purgatorio.
Subiendo a la séptima terraza, Dante se pregunta cómo es posible para almas incorpóreas tener el aspecto descarnado de las almas siendo privadas de comida aquí. En explicación, Statius Habla de la naturaleza del alma y su relación al cuerpo (Canto XXV).

Séptima Grada (La Lujuria)


La terraza de la lujuria tiene una inmensa pared de llamas a través del cual todos deben pasar. Almas arrepintiéndose de deseo mal dirigido sexual se ejecutan a través de las llamas gritando ejemplos de la lujuria y de la castidad y la fidelidad marital. Como una oración, cantan el himno Dios de la Suprema Clemencia, de la Liturgia de las Horas (Cantos XXV y XXVI).

A medida que el círculo de la terraza avanza, los dos grupos de penitentes se saludan de forma que Dante se compara con las hormigas.


Entre las flamas, a las que no se atreve a entrar, están los poetas románticos Guido Guinizelli y Arnaut Daniel, con quienes Dante conversa. Le recuerdan a Dante que a Beatriz puede encontrarla al otro lado del Paraíso Terrenal, finalmente Virgilio persuade a Dante para que pase entre las llamas (Cantos XXVI y XXVII).

En los escalones del paraíso terrenal, la noche cae por tercera vez, y Dante sueña con Lea y Raquel, quienes simbolizan la vida cristiana activa y no monástica, y también la vida cristiana de contemplación, ambas importantes (Canto XXVII).

El Paraíso Terrenal
En la cima del Monte Purgatorio se encuentra el Paraíso Terrenal o el Jardín del Edén. Alegóricamente, representa la inocencia que existía antes de que Adán y Eva perdieran la Gracia de Dios – el estado que el ascenso de Dante al purgatorio ha estado recuperando. Aquí Dante conoce a Matilda, una mujer cuya identidad literal y alegórica "es seguramente el problema más tentador de la Comedia." De todas maneras, Matilda prepara a Dante para su encuentro con Beatriz, la mujer a la que  Dante dedicó sus anteriores poesías, la mujer a cuyo pedido Virgilio fue ordenado traer a Dante en su viaje, y la mujer que simboliza el camino a Dios (Canto XXVIII).

Con Matilda, Dante es testigo de una procesión que forma una alegoría dentro de la alegoría, algo así como la obra de Shakespeare en una obra de teatro. Tiene un estilo muy diferente del Purgatorio como un todo, tiene la forma de una máscara, donde los personajes están caminando símbolos en lugar de personas reales. 


La apariencia de Beatriz, y una dramática escena de reconciliación entre Beatriz y Dante, en el que ella reprocha su pecado (Cantos XXX and XXXI), ayuda a cubrir la desaparición de Virgilio, que, como símbolo de la filosofía y humanidad no cristiana, no puede ayudarle más en su acercamiento a Dios.
E incluso toda nuestra antigua madre perdida no era suficiente para mantener a mis mejillas, a pesar de lava de rocío, el oscurecimiento de nuevo con lágrimas.

   
Matilda ayuda a Dante a pasar por el río Lethe, (Canto XXXI).

Dante pues pasa por el río Lethe, que le borra la memoria de sus anteriores pecados (Canto XXXI), y ve una alegoría de la historia Bíblica y de la Iglesia, en la que el carruaje representa a la Iglesia. Esta alegoría incluye una denuncia de los papados corruptos, y sus vínculos con la monarquía Francesa (Canto XXXII).
Finalmente, Dante bebe del río Eunoe, recuperando la memoria, y preparándose para su ascenso al Paraíso. Al igual que en las otras dos partes de la Divina Comedia, el Purgatorio acaba con la palabra "estrellas" (Canto XXXIII).